2 de julio. 10:32
por Diego Petersen Farah en La Jornada 27 mayo 2006
2 de julio. 10:32. La boleta electoral para Presidente de la República está en la mesa. La crayola amarrada a una esquina de la mesa con un cordón blanco. Hay que decidirse ya. No hay más tiempo. Es falso aquello que dicen los encuestadores de que la gente decide su voto con anticipación. O hay excepciones que confirman la regla o en este momento hay millones de angustiados en todo el país pensando por quién votar, con ese sentimiento de culpa de niño que no hizo la tarea, una tarea para la que tuvo oficialmente 28 semana para realizar, y no hizo: decidir.
No sé si es saturación, hartazgo, desinformación o exceso de información, que para el caso es lo mismo, pero cualquiera de los tres “grandes”, estoy seguro, será un pésimo Presidente. Cualquiera de los dos chicos también, pero pueden dormir con la tranquilidad de que no van a ganar.
Un último recuento rápido antes de decidir:
Madrazo Pintado es impresentable. No les gusta ni a los de su partido, por qué habría de gustarme a mí. Suena falso, lo es. Es imposible creer que alguien que fue capaz de desbaratar su propio partido para ser candidato, no va a hacer lo mismo con el país. Además, un Presidente con esa voz sería una tortura permanente. Madrazo no; está claro, pero eso ya lo sabía desde hace mucho. El problema no sólo es quién, es cuál de los otros dos.
Cada vez que oí hablar a Felipe en los últimos seis meses me reafirmó mi intención de voto por Andrés Manuel, y cada vez que oí la voz del Peje y sus lentos pero soberbios comentarios, decidí que Felipe era votable. Pero ya frente a la boleta Felipe Calderón Hinojosa parece más invotable que nunca.
Si algo hay que agradecerle a Felipe es que al menos es claro. Felipe es mocho, y lo dice con toda claridad. No, no es la derecha liberal que pensábamos que iba a surgir cuando se peleó con Martita Sahagún y acusó de yunques a todos sus enemigos. Al parecer ser de derecha es ya un insulto hasta para los de derecha. Pero en cuanto tuvo la candidatura se pronunció en contra de la píldora del día siguiente, volvieron a aparecer los mismos aliados, revivió Provida, pero sobre todo le saltó la vena autoritaria. Desconfía de todo aquel que piensa que la seguridad pública es un asunto de valientes y no de inteligentes.
Con dos de tres descartados, queda el Peje. López Obrador tiene al menos el discurso más inteligente de los tres. El que tenga un discurso contra los privilegios de los poderosos no sólo no está mal, es correcto y necesario. Alguien tiene que liberar a este país del grupo de poder que lo tiene, literalmente, secuestrado. El problema no está ahí. El problema es la opacidad en el ejercicio de gobierno. El problema es la camarilla que lo rodea. El idealista rodeado de pragmáticos. El ave que cruza el pantano sin mancharse mientras que sus colaboradores chapotean. Hay algo de falso en todo esto. Pero lo más grave es la intolerancia. Lo único peor que una derecha intolerante es una izquierda intolerante, porque en la segunda hay engaño.
La mano y el crayón se fueron hacia abajo, a la segunda división. En el espacio de la boleta de quienes buscan un espacio y la cruz cayó sobre Patricia Mercado Castro. Es cierto, votar por Patricia es decidir no decidir, es sacarle al bulto. Más aun, votar por Patricia Mercado es darle oportunidad de sobrevivencia a un partido que lo más probable es que no tenga futuro alguno. Cuando llegue la siguiente remesa se van a pelear como perros callejeros por una torta. Pero la otra opción es darle un partido a Elba Esther, y eso sí va contra toda decencia.
2 de julio. 10:32 p.m. El ambiente del IFE es tan denso que se puede cortar con cuchillo. El PREP avanza lento y parejo. Cada actualización cambia el puntero. Andrés Manuel, Felipe, Andrés Manuel. El porcentaje de voto de Madrazo está alrededor de los 20 puntos y Patricia Mercado 2.8. De Campa nadie se acuerda.
Todos los televisores del país están encendidos. Se espera desde hace 30 minutos el mensaje del presidente Vicente Fox Quesada. La pantalla funde a negro y aparece la leyenda “transmisión especial de Presidencia de la República, mensaje del ciudadano Vicente Fox”.
“Mexicanos y mexicanas”, se escucha la voz cascada y casi deprimida del Presidente. Después de alabar la democracia y darle vuelta al asunto por tres minutos finalmente dice lo que nadie quería escuchar: no hay manera de que se pueda dar un ganador en esta elección. Nos vamos ir a dormir sin un Presidente electo. Los festejos comienzan a transformarse en manifestaciones.


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